Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.

Quino

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12 oct 2009

Los veintiséis pesados de Macri( Y este gorila es presidenciable?)

Se especializan en desalojar a indigentes de espacios públicos y de edificios. Su característica es “tener calle”, su legalidad es tenue, sus uniformes son oscuros y sus acciones ya terminaron en la Justicia por varias denuncias. Los nombres y los antecedentes de los pesados que hacen tareas sucias para el PRO.

Por Gustavo Veiga

La Unidad de Control del Espacio Público porteña (UCEP) que participa en operativos nocturnos contra personas en situación de calle y desalojos compulsivos en edificios ocupados por familias humildes, tiene veintiséis integrantes y un arrepentido que se vio obligado a abandonarla después de recibir una paliza de algunos compañeros, según se desprende de un listado al que accedió Página/12. Luis Savoiardo, alias el Tano, conduce de facto esta patota. Es uno de los empleados que en junio del año pasado participó de una gresca cuando el gobierno de Mauricio Macri intentaba desalojar las carpas kirchneristas de Plaza Congreso. En total, son cuatro los Savoiardo que forman el grupo: Jonathan, árbitro de las Divisiones Inferiores de la AFA; Marcelo, almacenero, y Romina, la única mujer de la unidad que depende del ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo. También hay choferes de camiones y colectivos, un zapatero, un verdulero y un instalador de membranas de techo.

Los miembros de la UCEP pertenecen a la planta transitoria del gobierno porteño, cobran sueldos que rondan los 1200 pesos y fueron reunidos en esa unidad gracias a un decreto firmado por Macri, Piccardo y el ministro de Hacienda Néstor Grindetti. Desde el 11 de marzo pasado otro decreto los reubicó dentro de la Dirección General de Ordenamiento del Espacio Público del Ministerio de Ambiente y ahora quedaron a las órdenes del ingeniero Jorge Cristian Polini, ex director de Compras y Contrataciones del gobierno, quien reemplazó al abogado Fabián Rodríguez Simón.

Cuando se difundieron los ataques de la UCEP a indigentes en parques, plazas y umbrales de edificios, bajaron considerablemente el perfil, aunque no dejaron de actuar de modo intimidatorio. En la página oficial del gobierno de la ciudad figura que tienen su base en Diagonal Norte 570, pero en realidad ocupan un sector del quinto piso en el Edificio del Plata, ubicado en Carlos Pellegrini 291.

La diputada Liliana Parada, de Igualdad Social, los denunció en la Justicia y dice que reparó en la UCEP después de leer una frase que la impactó a fines de 2008: “Son civiles que tienen calle y no tienen miedo de hacer ese trabajo”. Desde entonces acumula datos, los cruza con nuevos que va recibiendo y espera que avance la investigación que abrió la Fiscalía de Instrucción N° 26 en la causa “Macri, Mauricio y otros sobre amenazas con armas o anónimas”. Tener calle, según ellos, sería un requisito indispensable para tratar como tratan a los que viven en ella.

Pero en la UCEP también la pasan mal quienes se rebelan puertas adentro. En el Edificio del Plata, uno de sus integrantes, cansado de ciertos manejos del “Tano”, le intentó poner un límite a su poder. Por toda respuesta le propinaron una buena cantidad de golpes y dejó de pertenecer al grupo que luce ataviado con uniformes oscuros cuando sale a recorrer Buenos Aires. Se puso a resguardo en otra repartición del gobierno porteño y por ahora conserva su anonimato.

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Si infunden temor en los operativos que realizan es porque, además, visten ropa oscura y unas gorras con visera que les dan cierto aire policial. Angel Cabrera Cánepa, un indigente que vive debajo de la autopista sur, junto a la iglesia Corazón de María, frente a Plaza Constitución, recuerda que cuando lo atacaron mientras dormía, “vinieron como 25 a 30 personas, todas de negro, con coches particulares, camionetas particulares y camiones. Si querían me cargaban todo. ‘Te damos plazo hasta mañana, así agarrás todo y te vas’, me dijeron. Pero no vinieron más”.

El decreto 1232/08, en su anexo 2/13 le atribuye como funciones a la UCEP: mantener el espacio público libre de usurpadores por vía de la persuasión y la difusión de la normativa vigente y las sanciones correspondientes; colaborar operativamente en mantener el orden en el espacio público; colaborar operativamente en el decomiso y secuestro de elementos, materiales y mercaderías acopiadas ilegalmente en el espacio público o utilizados para realizar actividades ilegales en el espacio público. La persuasión, de acuerdo con las denuncias presentadas en la Defensoría del Pueblo de la ciudad y publicadas en este diario el 8 de marzo, no sería una de las características salientes del grupo.

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La UCEP intervino en el desalojo violento de personas en condición de calle en distintos parques y plazas porteños, desde Barrio Norte hasta Congreso, lo hizo en un edificio de la avenida Paseo Colón 1588 habitado por cien familias y se encargó de vendedores ambulantes en la zona de Retiro en operativos coordinados por el Cuerpo de Investigaciones Judiciales (CIJ) de la ciudad, entre otros episodios. Desde que sus incursiones nocturnas quedaron expuestas como si fueran a la luz del día, el grupo se mueve ahora con más sigilo y acompañado de una ostensible presencia policial. Este diario hizo consultas con militantes sociales de los barrios de San Telmo, Constitución y la Boca donde había actuado la patota y en ninguno de ellos volvieron a notar su presencia. Eso no significa que en cualquier momento vuelvan a aparecer enfundados en su ropa negra y con las gorritas que dicen UCEP.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-123079-2009-04-12.html

15 jun 2009

El Voto de las almas bellas

Las vísperas de unas elecciones, en las que se juegan muchas cosas, son apropiadas para algunas reflexiones. Sabemos que hay muchos votos cantados y difíciles de conmover. Está el voto de quienes defienden sus intereses, desconfían de lo que se ha extendido en toda la región y obran en consecuencia. Son coherentes, ninguna objeción. Después está el voto pánfilo. Son bastantes. Tienen muy poco que ver con los de arriba, pero se creen a pie juntillas los dislates con los que abruman los medios de desinformación. Son una pena. Rescatables, pero con mucho trabajo y paciencia.

Y después están los votos de los que quiero ocuparme en esta ocasión: el voto de las almas bellas. Se trata de votantes bien intencionados con quienes imaginamos mundos parecidos. Quieren lo mejor para sí y para sus semejantes, pero padecen de una crónica aversión para repasar y comprender la historia y les cuesta entender la dimensión de la política. Tienen poca idea de porqué la mayoría del electorado no los acompaña. Tienden a suponer, aunque no lo dicen, que es por mera necedad. Al fin de cuentas, un país tan lindo como el que ellos imaginan, ¿por qué no se suman los más, los objetivamente interesados? Algunos suelen diagnosticar que “carecen de conciencia”. Allá ellos, se dicen, poco importa, pero mi voto de alma bella enfila a reunirme con todos los que quieren para ahora un mundo mejor. Las almas bellas no son demasiadas. Pero tampoco son un puñado insignificante. Y tienden a agruparse en dos variantes.

Están los perseverantes abonados a micro emprendimientos (aunque sus concurrencias suelen renovarse según pasan los años) de quienes me he ocupado en otras oportunidades. Y están los más románticos y menos doctrinarios, que sinceramente sufren con los más postergados de la tierra y por los daños que se le causan a diario al planeta. Son sensibles a los vuelos retóricos y, en general, aceptan que su postura conjuga la política con la poesía. Silvio Rodríguez escribió una hermosa canción en su juventud, dedicada al Che, que aún se esforzaba en Cuba por conmover la economía de la isla. “Si el poeta eres tú”, decía el estribillo. Claro, a Fidel no le hubiera cuadrado una canción de este tenor. Era quien había armado las alianzas con hasta el último liberal que se oponía a Batista. Y hasta les había otorgado en un primer momento la presidencia de la república y el cargo de primer ministro, ni más ni menos. A pesar de que el Ejército Rebelde era dueño y señor de la isla. Y los señores Urrutia y Miró Cardona recién dejaron sus cargos cuando las mayorías salieron a la calle para exigirlo. Los poetas son imprescindibles en todos los espacios, pero para que el amasijo sea consistente debe nutrirse con lo que existe, y para que fragüe, los que van al frente tienen que saber caminar largas marchas por el barro. La poesía, como el cine y la plástica, estimulan el espíritu, y sin ella ninguna misión noble podría llevarse a cabo. Pero las leyes de la política son diferentes.

Un excelente analista y politólogo, Ezequiel Meler, decía hace poco en su blog Pre-textos, polemizando con un alma bella, más de la estirpe de los doctrinarios: “Siempre hay conciencia de clase. El tema es reconocer cómo se compone, qué determinantes históricos y culturales la integran, cuál es su sentido y dirección, si sirve a los fines políticos que nos proponemos, etc. La conciencia de clase puede no ser revolucionaria, puede no ser socialista, pero siempre es algo. De ese ‘algo’ parte el trabajo político, el tuyo y el mío”.

Y ésta es la cuestión. Tanto para los doctrinarios como para los poéticos. Si las almas bellas se interesaran por esta trama, descubrirían que un genial observador de nuestro mundo, Antonio Gramsci, diseñó con maestría la índole de los escenarios en los que transcurre la política. ¿Cómo articular con los más un espacio que pueda efectivamente disputar el territorio a los de arriba? La manera no puede provenir de mis sueños y aspiraciones. Ni provenir de rígidos principios. Tendrá que nutrirse de los complejos y contradictorios entrelazamientos que las mayorías han conjugado para negociar condiciones de vida que suponen mínimamente aceptables en el marco de ciertas condiciones. Las mayorías son portadoras de una vasta sabiduría que recorre generaciones y continentes. Y no son poéticas ni aventuradas. Pero son los protagonistas. Los protagonistas de la política y de los cambios posibles. A veces pueden equivocarse en toda la línea. Pero sólo desde su experiencia puede buscarse un nuevo camino.

En nuestros días, uno de los reclamos más persistentes de las almas bellas se relaciona con la opción de Kirchner por disputar y obtener la jefatura del Partido Justicialista. Se “pejotizó”, dicen, en una antojadiza y burda simplificación. La realidad es otra. Consiguió convocar a lo mejor que convivía en esta contradictoria conjunción, mezclada con oportunistas diversos y personajes que, tarde o temprano, se marchan para otras tiendas sin que nadie los eche con un úkase burocrático. No estamos hablando de un armado de ocasión, como existe en otras latitudes. Aquí se trata de un conglomerado con mística y largos años de persecución. Se trata nada menos que de un movimiento del que se dice que, sin él, no se puede gobernar. Los K, viniendo de la nada, disputaron en el territorio más temido, la provincia de Buenos Aires. Y ganaron. Viniendo de ese movimiento pretenden que quienes se abroquelaron en sus filas, aunque más no sea por mera autodefensa, cimentada en el número y la unidad, se sumen ahora a este nuevo curso que ha despuntado en toda América latina. Con sus tiempos, que no son los de los jóvenes leídos. Y es por esto, como es notorio, que la derecha se desvive por recomponer un armado que cuente con la suficiente presencia del mismo tronco por que también saben que sin esta vertiente no pueden recuperar la iniciativa. Hay razones de la historia que nos lo explican. No puede dilucidarse el tema en pocas palabras. Pero baste señalar que el movimiento se gestó y perduró porque lo que obtuvieron sus protagonistas fue consistente. Aunque haya supuesto una delegación en mandos que querían asegurarse que no se pasaría de ciertos límites. Si pretendemos convocar y hacer confluir otras vertientes, lo que es indispensable, pongamos manos a la obra despojándonos de devaneos por figurar en la cartelera y valorando lo que ya se ha producido.

Hoy, como nunca, las opciones son claras. O se es protagonista con las mayorías consolidando el curso que se ha abierto o se persiste en los antiguos cenáculos que rondan el 1 por ciento en algunos distritos o, a lo sumo, en la variante nutrida en fantasías de celuloide que se conforma con contar con alguna presencia tan solo en la ciudad que siempre ha sido esquiva a las mayorías, con incesantes reclamos por todo lo que resta por hacer.

En las filas de la restauración conservadora algunas cosas están fuera de discusión. Ya lo han dicho muchos. Y las almas bellas deberían reparar en este señalamiento. Si la derecha clama en todos los tonos contra este Gobierno, es porque algo que no es superficial está ocurriendo. ¿Por qué insistir en solazar el espíritu tan lejos de los cursos de la historia? La belleza de las almas también puede nutrirse del temple que supone cerrarle el paso a la contraofensiva conservadora y buscar los rumbos que permitan profundizar en un camino que no es transitable si no se cuenta con el calor y la presencia de los que son más y menos tienen. No sólo está en juego nuestro destino. También el de los demás pueblos del continente. Y como decía el poeta uruguayo tan sensible a las mayorías que estamos recordando: en la calle, codo con codo, somos más.

Por Mario Toer
Profesor titular de Política Latinoamericana en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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