Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.

Quino

Quino
Mostrando las entradas con la etiqueta Argentinidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Argentinidad. Mostrar todas las entradas

15 jun 2009

El Voto de las almas bellas

Las vísperas de unas elecciones, en las que se juegan muchas cosas, son apropiadas para algunas reflexiones. Sabemos que hay muchos votos cantados y difíciles de conmover. Está el voto de quienes defienden sus intereses, desconfían de lo que se ha extendido en toda la región y obran en consecuencia. Son coherentes, ninguna objeción. Después está el voto pánfilo. Son bastantes. Tienen muy poco que ver con los de arriba, pero se creen a pie juntillas los dislates con los que abruman los medios de desinformación. Son una pena. Rescatables, pero con mucho trabajo y paciencia.

Y después están los votos de los que quiero ocuparme en esta ocasión: el voto de las almas bellas. Se trata de votantes bien intencionados con quienes imaginamos mundos parecidos. Quieren lo mejor para sí y para sus semejantes, pero padecen de una crónica aversión para repasar y comprender la historia y les cuesta entender la dimensión de la política. Tienen poca idea de porqué la mayoría del electorado no los acompaña. Tienden a suponer, aunque no lo dicen, que es por mera necedad. Al fin de cuentas, un país tan lindo como el que ellos imaginan, ¿por qué no se suman los más, los objetivamente interesados? Algunos suelen diagnosticar que “carecen de conciencia”. Allá ellos, se dicen, poco importa, pero mi voto de alma bella enfila a reunirme con todos los que quieren para ahora un mundo mejor. Las almas bellas no son demasiadas. Pero tampoco son un puñado insignificante. Y tienden a agruparse en dos variantes.

Están los perseverantes abonados a micro emprendimientos (aunque sus concurrencias suelen renovarse según pasan los años) de quienes me he ocupado en otras oportunidades. Y están los más románticos y menos doctrinarios, que sinceramente sufren con los más postergados de la tierra y por los daños que se le causan a diario al planeta. Son sensibles a los vuelos retóricos y, en general, aceptan que su postura conjuga la política con la poesía. Silvio Rodríguez escribió una hermosa canción en su juventud, dedicada al Che, que aún se esforzaba en Cuba por conmover la economía de la isla. “Si el poeta eres tú”, decía el estribillo. Claro, a Fidel no le hubiera cuadrado una canción de este tenor. Era quien había armado las alianzas con hasta el último liberal que se oponía a Batista. Y hasta les había otorgado en un primer momento la presidencia de la república y el cargo de primer ministro, ni más ni menos. A pesar de que el Ejército Rebelde era dueño y señor de la isla. Y los señores Urrutia y Miró Cardona recién dejaron sus cargos cuando las mayorías salieron a la calle para exigirlo. Los poetas son imprescindibles en todos los espacios, pero para que el amasijo sea consistente debe nutrirse con lo que existe, y para que fragüe, los que van al frente tienen que saber caminar largas marchas por el barro. La poesía, como el cine y la plástica, estimulan el espíritu, y sin ella ninguna misión noble podría llevarse a cabo. Pero las leyes de la política son diferentes.

Un excelente analista y politólogo, Ezequiel Meler, decía hace poco en su blog Pre-textos, polemizando con un alma bella, más de la estirpe de los doctrinarios: “Siempre hay conciencia de clase. El tema es reconocer cómo se compone, qué determinantes históricos y culturales la integran, cuál es su sentido y dirección, si sirve a los fines políticos que nos proponemos, etc. La conciencia de clase puede no ser revolucionaria, puede no ser socialista, pero siempre es algo. De ese ‘algo’ parte el trabajo político, el tuyo y el mío”.

Y ésta es la cuestión. Tanto para los doctrinarios como para los poéticos. Si las almas bellas se interesaran por esta trama, descubrirían que un genial observador de nuestro mundo, Antonio Gramsci, diseñó con maestría la índole de los escenarios en los que transcurre la política. ¿Cómo articular con los más un espacio que pueda efectivamente disputar el territorio a los de arriba? La manera no puede provenir de mis sueños y aspiraciones. Ni provenir de rígidos principios. Tendrá que nutrirse de los complejos y contradictorios entrelazamientos que las mayorías han conjugado para negociar condiciones de vida que suponen mínimamente aceptables en el marco de ciertas condiciones. Las mayorías son portadoras de una vasta sabiduría que recorre generaciones y continentes. Y no son poéticas ni aventuradas. Pero son los protagonistas. Los protagonistas de la política y de los cambios posibles. A veces pueden equivocarse en toda la línea. Pero sólo desde su experiencia puede buscarse un nuevo camino.

En nuestros días, uno de los reclamos más persistentes de las almas bellas se relaciona con la opción de Kirchner por disputar y obtener la jefatura del Partido Justicialista. Se “pejotizó”, dicen, en una antojadiza y burda simplificación. La realidad es otra. Consiguió convocar a lo mejor que convivía en esta contradictoria conjunción, mezclada con oportunistas diversos y personajes que, tarde o temprano, se marchan para otras tiendas sin que nadie los eche con un úkase burocrático. No estamos hablando de un armado de ocasión, como existe en otras latitudes. Aquí se trata de un conglomerado con mística y largos años de persecución. Se trata nada menos que de un movimiento del que se dice que, sin él, no se puede gobernar. Los K, viniendo de la nada, disputaron en el territorio más temido, la provincia de Buenos Aires. Y ganaron. Viniendo de ese movimiento pretenden que quienes se abroquelaron en sus filas, aunque más no sea por mera autodefensa, cimentada en el número y la unidad, se sumen ahora a este nuevo curso que ha despuntado en toda América latina. Con sus tiempos, que no son los de los jóvenes leídos. Y es por esto, como es notorio, que la derecha se desvive por recomponer un armado que cuente con la suficiente presencia del mismo tronco por que también saben que sin esta vertiente no pueden recuperar la iniciativa. Hay razones de la historia que nos lo explican. No puede dilucidarse el tema en pocas palabras. Pero baste señalar que el movimiento se gestó y perduró porque lo que obtuvieron sus protagonistas fue consistente. Aunque haya supuesto una delegación en mandos que querían asegurarse que no se pasaría de ciertos límites. Si pretendemos convocar y hacer confluir otras vertientes, lo que es indispensable, pongamos manos a la obra despojándonos de devaneos por figurar en la cartelera y valorando lo que ya se ha producido.

Hoy, como nunca, las opciones son claras. O se es protagonista con las mayorías consolidando el curso que se ha abierto o se persiste en los antiguos cenáculos que rondan el 1 por ciento en algunos distritos o, a lo sumo, en la variante nutrida en fantasías de celuloide que se conforma con contar con alguna presencia tan solo en la ciudad que siempre ha sido esquiva a las mayorías, con incesantes reclamos por todo lo que resta por hacer.

En las filas de la restauración conservadora algunas cosas están fuera de discusión. Ya lo han dicho muchos. Y las almas bellas deberían reparar en este señalamiento. Si la derecha clama en todos los tonos contra este Gobierno, es porque algo que no es superficial está ocurriendo. ¿Por qué insistir en solazar el espíritu tan lejos de los cursos de la historia? La belleza de las almas también puede nutrirse del temple que supone cerrarle el paso a la contraofensiva conservadora y buscar los rumbos que permitan profundizar en un camino que no es transitable si no se cuenta con el calor y la presencia de los que son más y menos tienen. No sólo está en juego nuestro destino. También el de los demás pueblos del continente. Y como decía el poeta uruguayo tan sensible a las mayorías que estamos recordando: en la calle, codo con codo, somos más.

Por Mario Toer
Profesor titular de Política Latinoamericana en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

1 dic 2008

Concepción subdesarrollada

El tema de los despidos y el desempleo, inexistente hace sólo tres meses, parece haberse instalado en la agenda empresaria. Recientemente la consultora de empleo Cristina Mejías declaraba en un medio financiero: “Se viene un tsunami de despidos”. Más allá de cuán interesada pueda ser la declaración, es evidente que empieza a crearse un clima de naturalización del despido y la suspensión, como si fuera la única respuesta razonable frente a un escenario que, por otra parte, hoy es más hipotético que real. El problema para la sociedad es que es un tipo de reacción primitiva, mezcla de pánico irracional, especulación cortoplacista y seguidismo intelectual a los medios apocalípticos, que puede terminar creando un efecto contractivo real en la economía nacional.

En 1991, el presidente Bush (padre) viajó a Japón acompañado por una comitiva de grandes empresarios automotores norteamericanos, preocupados por la agresiva competencia de las firmas niponas. En un ágape, un empresario japonés señaló una diferencia entre las prácticas empresariales norteamericanas y japonesas: “Cuando una empresa suya anda mal, lo primero que ustedes hacen es despedir trabajadores; cuando una empresa nuestra anda mal, al primero que despedimos es al gerente”. Es toda una concepción de la organización empresaria, y de cómo deberían enfrentarse los problemas de competitividad: cambiando el enfoque conceptual y eventualmente a su portador.

¿Por qué lo primero y único que hay que hacer es despedir trabajadores? ¿Por qué la principal medida que se le reclama al Gobierno es devaluar la moneda? Quizá la respuesta se encuentre en un discurso de Anders Sundström, ex ministro de Industria de Suecia: “En el debate político, nosotros (los suecos) estamos enfrentados a dos opciones. La primera opción está basada en desenvolverse hacia una economía basada en bajos salarios y una moneda devaluada. Simplemente, el trabajo es abaratado. La otra implica basar la producción en trabajadores altamente capacitados, desarrollo continuo de nuevas tecnologías, renovación de productos y alto valor agregado. El trabajo puede entonces ser mejor pagado gracias al mayor valor agregado. Estas son las opciones, no hay un tercer camino”. Es pertinente preguntarse sobre por cuál sendero de los mencionados por el funcionario sueco avanza la industria argentina, dado que parece reaccionar frente a un escenario más complejo recurriendo al expediente más degradante de la vida social: el desempleo. ¿No hay ninguna otra idea? ¿Qué destino tuvieron las notables ganancias manufactureras del último quinquenio? ¿No hubo inversión, mejoramiento técnico, aumento de la competitividad? Si la respuesta es no, cabe llegar a la conclusión de que nunca habrá en la Argentina condiciones “propicias” para que los empresarios inviertan en serio. Si la respuesta es sí, entonces recurrir al despido revela una concepción subdesarrollada de las relaciones laborales y de la forma de lograr competitividad (muy lejana de las visiones de japoneses y suecos, por supuesto).

Si el modelo empresarial argentino –al menos en sus relaciones laborales– es el norteamericano, conviene recordar que el gigante automotor General Motors, empresa emblemática de la industria norteamericana, está reclamando dramáticamente 10 mil millones de dólares a su gobierno para llegar a fin de año. Esa misma empresa es una de las que acompañó a Bush a Japón hace 17 años para obtener prebendas, aprovechando la presión “política” de su gobierno sobre los japoneses.

Desde 2002, los industriales gozaron de amplísimos beneficios cambiarios, bajos costos salariales en dólares, tarifas energéticas y de combustibles subsidiadas, protecciones en el comercio administrado con Brasil, etcétera. Cuando despuntó un modesto proceso de recomposición del empleo y el salario, la reacción empresaria generalizada fue la remarcación masiva de precios, la inflación, con lo cual degradaron el basamento de su competitividad externa, el tipo de cambio. A pesar de todos los beneficios recibidos en estos años, la representación empresaria industrial, la UIA, no se sintió motivada a defender el modelo en el que florecían sus representados, ni frente al embate de los propietarios rurales, ni frente al descontento de los financistas por el negocio perdido de las jubilaciones. Pareciera que la solidaridad antiestatal, de cuño neoliberal, es más importante para ciertos industriales que la defensa de su actividad específica. La falta de ideas, el conservadurismo y la ausencia de compromiso con el desarrollo económico y social volvieron a manifestarse ante la sombra de la crisis global. En 1986, el entonces presidente Alfonsín, consciente de que los recursos fiscales que antes impulsaban el desarrollo estaban ahora dedicados a pagar la deuda externa, acuñó la expresión “privatización del crecimiento” para graficar el traspaso simbólico del liderazgo económico hacia el sector privado; 22 años después, el liderazgo para el desarrollo, dadas las ideas y los comportamientos prevalecientes en el sector empresario privado, parece continuar vacante.

Por Ricardo Aronskind
Economista Universidad Nacional General Sarmiento.
Pag/12-01/12/08

28 jul 2008

Qué país

Lo que pasó el jueves no pasa en absolutamente ningún lugar de este mundo. Es válido empezar por ahí, porque sirve de referencia para el análisis global.

Que un vicepresidente vote en contra de su gobierno; que lo haga a seis meses de iniciado éste; que lo ejecute en una instancia crucial para la suerte de la fuerza que integra; que no sólo no haya tenido la ética de renunciar, sino que porte la amoralidad de decirle a su compañera de fórmula que aquí no ha pasado nada y que quiere seguir a su lado hasta el 2011; que el conjunto de los periodistas de la Patria Mediática, siempre horrorizados por la prostitución ideológica de “los políticos” y alucinados con Borocotó hasta ayer nomás, rescate casi sin eufemismos los huevos que tuvo Cobos... Borges y Groucho Marx hubieran quedado boquiabiertos. Haber cruzado este límite surrealista es la pauta de la monumentalidad de los errores del Gobierno y de la magnitud del enemigo. Dijo un funcionario kirchnerista: “La primera vez que tocamos intereses concretos del poder, del poder real, lo único que se nos ocurrió fue enfrentarlos con el bombo y la marcha peronista. Así que nos pasó lo que nos tenía que pasar”.

Esa primera persona del plural es un elemento muy interesante. De qué hablan algunos cuando hablan de nosotros. Y de qué hablamos muchos de nosotros cuando nos referimos a ellos. Cuando desde el oficialismo citan el nosotros, lo hacen munidos de un sentido marcadamente excluyente, que se reserva la apropiación pero sobre todo las consecuencias de toda victoria, derrota, disposición o gesto político. Esa es en verdad la soberbia preocupante. Ese desprecio acerca de que las decisiones que toman, o la forma de implementarlas, no los afecta solamente a ellos, sino al grueso de quienes ellos dicen representar con dirección progresista. Y en analogía, tras el Waterloo del jueves, se escucha a muchos progres que pasan la factura por el número de estropicios oficialistas. Todo lo que se reprocha es cierto. Que se jodan por aliarse con radicales, que tienen el invicto histórico de terminar, siempre, traicionando. Que se jodan por haber apostado a la estructura mafiosa de los barones del conurbano. Que se jodan por no haber abierto el juego por afuera del PJ. Que se jodan por la admirable ingenuidad de mandar el proyecto al Congreso. Que se jodan por apoyarse en la burocracia de la CGT y no darle personería a la CTA. Que se jodan por su estilo capanga de conducción. Que se jodan por no profundizar la afectación de otros bloques de la clase dominante y acabar sin pan y sin torta. Todo correcto. Pero resulta que a la par del kirchnerismo se jodió, precisamente, la muy tibia posibilidad de seguir avanzando en un modestísimo proceso de pequeños cambios que es, al fin y al cabo, el paso tolerable para esta sociedad. Ahora la salida es posible claramente por derecha, por lo peor de la derecha, y lo que se jodió está lejos de ser sólo el kirchnerismo. ¿Dónde ponemos el no- sotros, entonces, y dónde el ellos?

Alguna parte de esa lógica de escupir para arriba, sin reparar o sin que importe que el salivazo caiga en un radio mucho más amplio que el de origen, tal vez les quepa a algunos de los que hoy creen, de buena fe, que el jueves ganó “la democracia”, o “la moderación”, o “el consenso”. O la buena fe, justamente. Alguien, pocos, varios de quienes no soportan a este Gobierno, o de quienes frente al conflicto puntual decidieron estar enfrente, deben haber dudado del sincero corazón de Cobos cuando a las pocas horas de votar se trepó al auto para recoger la adhesión chacarera. Debe ser un hallazgo o hecho psicológico de fuste que al rato de vivir el momento más difícil de la vida uno ande feliz por las rutas argentinas, mostrándose para la foto. Tiene que haber generado algo en la gente de buena fe verlo a Llambías cantando la marcha peronista con Luis Barrionuevo (igual que verlo a Saadi votando el proyecto oficial, nadie dice lo contrario). Alguno debe haber capaz de conmoverse un poquito por haberle llamado “dictadura” al único oficialismo del mundo cuyo vicepresidente le vota en contra y lo hiere de muerte, quizás, porque terminó siendo que semejante dictadura es tan torpe que ni siquiera tenía información de lo que podría ocurrirle en el Congreso.

Cupo recordar por estos días una definición de Gramsci: Es hegemonía cuando una clase, o fracción de una clase, logra convencer al resto de las clases, o fracciones de clase, de que sus intereses particulares son los intereses generales. Eso, exactamente eso, es lo que acaba de (volver a) consumarse en la Argentina. Pero no en la madrugada del jueves. Y ni siquiera desde marzo último, cuando en la conjunción de los desatinos gubernamentales, y el aprovechamiento de ellos por parte de la fracción gauchócrata-mediática, comenzó a tejerse el entramado que Julio Cobos coronó con la teatralización de su cinismo supremo. Esto viene y se repite desde hace más de 30 años. Es la victoria de las patronales de los milicos. Son los 30 mil desaparecidos para que se haya logrado juzgar y encarcelar a los genocidas, pero no revertir la fenomenal derrota política que supone el terror de las clases medias y populares a cualquier vía de tímidos cambios alterativos del humor de los privilegiados. Cobos y los pusilánimes que priorizaron sus hectáreas, sus chacras, la tranquilidad del vermucito y la siesta cuando vuelven al pago, la defensa falsa del funcionamiento institucional para que la coreografía periodística los ampare, traicionaron acuerdos políticos de circunstancia. Fueron infieles, pero no desleales. Debajo de la superficie –o bien arriba, en realidad– respetaron a rajatabla su cuadro de valores ideológico: no apartarse jamás de los que estarán siempre, de los que tienen la plata del poder verdadero. Los demás van y vienen, llámense Kirchner o como sea. Los Llambías y los Miguens no. Ellos están siempre. Ellos y el tilingaje que quiere ser como ellos y nunca lo será. Los pobres y el medio pelo que piensan con la cabeza de los ricos son el reaseguro de esta gente.

Ganaron otra vez, aunque en esta oportunidad no corresponde felicitarlos porque la mayor y mejor parte del trabajo la hizo el Gobierno. Les resta la rearticulación de sus fuerzas políticas y entronizar al Menem Blanco, que bien podría ser el propio Cobos, ahora que es el héroe nacional de la gran familia argentina. Los rentistas agrarios, los periodistas del sentido común, la Sociedad Rural, Lilita, Monsanto, las patrullas troscas que les proveen cotillón, Duhalde, los radicales, Macri. Es eso. No hay comandos civiles, ni grupos de tareas ni ninguna de las afiebradas fantasías con las que Kirchner tiró sus últimos manotazos.

El golpe es la repetición de la derrota cultural. Ese sí. Terminan de concretarlo. Que cada quien se haga cargo de la parte que le toca.

Eduardo Aliverti (Página 12 – 21.07.2008)

24 abr 2008

El Mate

El mate es una infusión que se puede tomar dulce o amargo, en cualquier momento del día, en cualquier lado, el campo o la ciudad, solo o en compañía, ya sea de otras personas o de algo para comer. Puede ser como desayuno o merienda, media mañana o media tarde, mientras se ve tele, o se lee o se está estudiando, o trabajando, charlando con alguien o simplemente en un momento de meditación

La expresión "mate" tiene su origen en le vocablo quechua "mati" que quiere decir calabaza, los conquistadores españoles lo usaron para referirse a lo que los guaranies llamaban "caiguá, que quiere decir "lo que pertenece a la yerba", o "lo de la yerba".

Asignaron por extensión ese nombre a bebida elaborada a partir de la yerba, producto de su infusión. Yerba mate es la materia prima para la preparación del mate. Se utilizan las hojas convenientemente secadas, trituradas y estacionadas. Yerbas las hay de varios tipos con distintos grados de estacionamiento y selección, tamaño de triturado, molienda equilibrada, entre otras características.

Se utilizaba una calabaza y para sorber la infusión una cañita o bombilla, originalmente llamada tacuarí en cuyo extremo se colocaba una semilla ahuecada que servía de filtro. En tiempos de la conquista el mate fue prohibido por la Iglesia por considerar a la yerba "una hierba del demonio".

El ritual de la infusión practicado por los nativos resultaba una suerte de amenaza para los recién llegados europeos que desconocián tal práctica y sus efectos. Se condenó a los tomadores de mate por considerarlos "haraganes", sosteniendo que este rito paralizaba durante muchas horas al día sin otra justificación que el ocio.

De hecho todo intento de erradicación fracasó rotundamente.

http://www.mateargentino.com.ar

http://www.rau.edu.uy

9 dic 2007

El tango

El día 11 de diciembre se festeja el Día Nacional del Tango, desde el año 1977, instaurado por iniciativa del poeta Ben Molar, en conmemoración de las fechas del nacimiento de Carlos Gardel en 1890 (La voz) y Julio de Caro en 1899 ( la musica).

El pan dulce y la sidra

Según parece la formula tan argentina de pan dulce y sidra no responde a ningún legado europeo, sino que, por el contrario, es una costumbre nacional surgida para Navidad y Año Nuevo de 1947, cuando Juan D. Perón busco la forma de llevar la asistencia social del estado a los hogares más humildes. Fue así que decidió tomar el típico panettone o pan dulce italiano y la sidra, bebida muy usual entre los españoles, para regalarlos a través del Programa de Ayuda Social en las fiestas navideñas. Ambos productos eran ya consumidos por las dos colectividades de mayor abundancia en la Argentina pero se suscribían a las clases más pudientes.

Esta practica gubernamental, que duro hasta 1954, se popularizo y termino dando forma a una nueva tradición.

Fue así que el crisol de razas bebe sidra y come pan dulce para las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Luego esa costumbre se propago a naciones vecinas (Paraguay, Uruguay, Bolivia y Chile) de gran aporte inmigratorio a la Argentina.

10 nov 2007

Qué es la Coalición Cívica?

"La Coalición Cívica es una propuesta amplia que trasciende las barreras de la política tradicional, donde se prioriza la conducta de sus integrantes sobre la ideología. Una cultura política para fijar herramientas creativas en la relación ciudadana con su gobierno.

La Coalición Cívica es un espacio plural de participación y consenso constituido por agrupaciones y ciudadanos que dentro de una diversidad de ideas coincidimos en nuestros Principios: República, Ética y Distribución del Ingreso."

www.coalicioncivica.org.ar

La union civica radical

“El propio nombre de la Unión Cívica Radical cifra mejor que toda otra fórmula, cuanto debe ser la norma de nuestro partido.

UNIÓN, quiere decir organización, disciplina, jerarquía, concordia y solidaridad.

CÍVICA, quiere decir ideal patriótico, desinterés personal y conciencia histórica.

RADICAL, quiere decir milicia intransigente y programa de hondas reformas democráticas.

Por consiguiente, no sirve bien a la Unión Cívica Radical, aunque la invoque con fervor, el afiliado que ignora el significado de esas palabras o el que olvidándolo, falsea su divisa de Unión en cismas irreflexivos, y de Civismo en impaciencias utilitarias, y de Radicalismo en transacciones oportunistas.”

Buenos Aires, Diciembre de 1941.Dr. Ricardo Rojas

( de la pag ricardobalbin.tripod.com.)

Las veinte verdades peronistas

"1. La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: EL PUEBLO

2. El Peronismo es esencialmente popular. Todo circulo político es antipopular, y por lo tanto, no es peronista.

3. El peronista trabaja para el Movimiento. El que en su nombre sirve a un circulo, o a un caudillo, lo es sólo de nombre.

4. No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.

5. En la Nueva Argentina el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.

6. Para un Peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro Peronista.

7. Ningún Peronista debe sentirse mas de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando un Peronista comienza a sentirse mas de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.

8. En la acción política la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero la Patria, despues el Movimiento, y luego los Hombres.

9. La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.

10. Los dos brazos del Peronismo son la Justicia Social y la Ayuda Social. Con ellos damos al Pueblo un abrazo de justicia y de amor.

11. El Peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires.

12. En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.

13. Un gobierno sin doctrina es un cuerpo si alma. Por eso el Peronismo tiene su propia doctrina política, ecónomica y social: el Justicialismo.

14. El Justicialismo es una nueva filosofía de vida simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente popular.

15. Como doctrina politica, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con la comunidad.

16. Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economia social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.

17. Como doctrina social, el Justicialismo realiza la Justicia Social, que da a cada persona su derecho en función social.

18. Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberama.

19. Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.

20. En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo."

(De la pag.www.galeon.com)

Argentina: el origen del nombre

Aunque desde las épocas de Pedro de Mendoza, se utilizaron los nombres de Gobernación del Río de la Plata y Provincias del Río de la Plata para referirse a la región del Río de la Plata, recien en el año1776 el nombre del territorio se oficializó como Virreinato del Río de la Plata.

El río que da su nombre al virreinato, es el que los portugueses denominaban Rio da Prata a causa de los rumores que postulaban la existencia de metales preciosos, y que finalmente se impuso como Río de la Plata.

La palabra argentina proviene del latín argentum ('plata').

Entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX el poeta Manuel José de Lavardén incluyó el adjetivo "argentina" en su obra, y desde el periódico El Telégrafo Mercantil se expandió el término Argentina como nombre del país, apareciendo en la obra de Vicente López y Planes Triunfo Argentino, así como en el texto del Himno Nacional.

El nombre de Argentina sin embargo, no se utilizó en los comienzos del Estado, figurando en cambio Provincias del Río de la Plata para la Primera Junta; Provincias Unidas del Río de la Plata en 1811 y en la Asamblea de 1813; y Provincias Unidas de Sudamérica para el Congreso de 1816.

El Congreso de 1824 la denominó Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica, Nación Argentina, República Argentina y Argentina, en la constitución sancionada el 24 de diciembre de 1826 la Constitución de la República Argentina; aunque por su carácter unitario la Constitución de 1826 nunca entró en vigor, sentó el precedente del término, que aparecería en todos los bocetos subsiguientes.

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, se emplearon entre otros los nombres de Confederación Argentina, Estados Unidos de la República Argentina, República de la Confederación Argentina y Federación Argentina.

La Constitución de 1853 se sancionó en nombre del pueblo de la Confederación Argentina, pero la Convención Nacional de Santa Fe modificó el texto constitucional promulgándolo el 1º de Octubre de 1860, donde se cambió el término Confederación por Nación, y Provincias Confederadas por Provincias; se agregó además un nuevo artículo, el número 35, que dice: "Las denominaciones adoptadas sucesivamente desde 1810 hasta el presente, a saber, Provincias Unidas del Río de la Plata, República Argentina, Confederación Argentina, serán en adelante nombres oficiales indistintos para la designación del gobierno y territorio de las provincias, empleándose las palabras Nación Argentina en la formación y sanción de las Leyes".

El 8 de octubre de 1860 en la ciudad de Paraná, el presidente Derqui decretó que "siendo conveniente a este respecto establecer la uniformidad en los actos administrativos, el Gobierno ha venido a acordar que para todos estos actos se use la denominación República Argentina".

Desde 1860 el General Mitre utilizó el nombre de Presidente de la República Argentina, quedando fijado desde entonces definitivamente el nombre con el que se reconocería mundialmente a este país.

( De la pagina www.sitiosargentina.com.ar)

Mas patria sojera...y los cuatro jinetes del Apocalipsis

Mas patria sojera...y los cuatro jinetes del Apocalipsis
Del Blog: El galpón del Fafu